Pequeña biografía

Hugo es autor de Los monos también curan, un blog de referencia mundial si por mundo nos referimos al mundo de Kaito. Cuidador de perros por elección y filósofo caído por predestinación, noblesse oblige y todas esas cosas que se dicen. Mal autodidacta y mejor persona. Anarquista de salón y profesor de habitación. Coleccionista de libros crónico y librero de viejo ocasional. Consejero de ministras imaginarias en los mundos de Yupi y una de las cien personas menos influyentes de 2017 según la revista Time. Teórico del macropesimismo (pesimista en lo grande, optimista en lo pequeño) y mesías invertido cuyo motor de existencia era ir diciendo a los suyos y a los que no son suyos que el Progreso con mayúsculas es más mito que verdad y que se avecinan tiempos demasiado interesantes, razón por la cual trabajó en el borrador de un ensayo titulado humildemente (¡ejem!) con el nombre de Ave, Progressus: 50 razones que contradicen el progreso de la humanidad. Agotado por lo ambicioso del proyecto y dudando de su omnisciencia divina, hoy por hoy trabaja en otros libros más livianos. Con ello pretende ganarse la vida si no honradamente al menos sí educadamente. "De llegar vivo al 2020 pienso montar mi propia editorial de libros hechos a mano", ha confesado bajo hipnosis en más de una ocasión. "De llegar muerto mejor no". Mientras, estudia filosofía en la UNED y ayuda a otros a hacer otras cosas en otras partes en la medida de sus posibilidades.

Algunos de los borradores en los que ha trabajado o piensa trabajar son:

Por qué escribo.
Manuscritos políticos.
Historia del arte para feministas.
Lloro, luego existo. Antología de poesía crítica.
Mundo finito. Preludio a una filosofía pesimista de la historia.
Crítica del relativismo capitalista y otros textos seleccionados.
Juicio a los filósofos. Primera parte. Nietzsche como precursor.
La personalidad antidemocrática. Artículos de psicología política.
Así viajaba Zaratustra. Guía de peregrinaje para nietzscheanos.
Apuntes de filosofía positiva.
El filósofo en la butaca.






Especialista en no especializarse, cuando le dijeron que escogiera una profesión fue y escogió justo la que no quedaba -al parecer se tomó muy en serio aquello que decía León Felipe de que "no sabiendo los oficios los haremos con respeto"-. Como Superman pero al revés, vino a parar a la Tierra por error. En realidad sus padres querían incinerarlo en el Sol, pero la mala fortuna quiso que se desviara de su trayectoria. Ya en su nuevo hogar le pusieron el nombre germano de Hugo porque parecía un chaval perspicaz, o por mera eufonía, o como cuando a un perro se le pone un nombre corto creyendo que uno largo no lo entendería, pero pronto descubrieron que solo mareaba las palabras para no tener que «trabajar».